Presentación: Saab 9-3 XWD Aero y Turbo X (parte 1)

Presentación: Saab 9-3 XWD Aero y Turbo X (parte 1)
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Segundo día de pruebas. Me ha tocado en el grupo del Saab 9-3 XWD Aero, con el mismo motor del Opel Vectra OPC (2.8 V6 turbo, 280 CV) pero con unos ajustes diferentes. La novedad es que utilizamos un sistema de tracción integral denominado “Cross wheel drive” que reparte el par entre ejes dependiendo de las condiciones. Después de este coche toca algo muy divertido, pero lo que os contaré ahora no es menos.

Cogí un Sporthatch con cambio automático de 6 velocidades. Tuve que sufrir el tráfico de salida de Marsella, muy lento, con paradas cada 2 por 3. El cambio en este tipo de conducción era muy agradable y rápido, casi tanto como un DSG, sin pérdida aparente de potencia. En los semáforos, insertando la “N” se reducían unas mínimas vibraciones estando parado. El consumo es muy alto en estas condiciones, no bajó de 17 litros, aunque el motor siempre gire muy bajo de vueltas.

Saab 9-3 WXD Aero

En las afueras de Marsella pude probar la eficacia del sistema XWD. Donde un tracción delantera o un propulsión empezarían a hacer travesuras, el Saab 9-3 XWD se agarraba muy bien, una trazada limpia, sin movimientos parásitos y con una mordida de los frenos eficaz. El ESP no intervino apenas, que yo recuerde. La dirección empezaba a notarla un poquito suave para lo que es conducción deportiva, no pasaría nada si fuese un poquito más dura. De precisión no anda nada mal, pero puede mejorar un poco.

El cambio automático, en modo Sport, era un poquito lento de reacciones en ascenso cuando exigía más empuje al motor. En el volante contaba con levas para cambiar, pero su posición no me convence (quedan un poco altas) y cuando el volante está muy girado son incómodas de accionar. Además, las leyes de conservación no me dejaban trastear mucho en las reducciones.

Saab 9-3 WXD Aero

El comportamiento en curvas lentas me gustó, no tuve sensación de empezar a perder el coche en ningún momento, trazaba bien y era obediente a mis órdenes. Ya en autopista, a una velocidad de crucero de unos 136 Km/h, la sonoridad era baja, tanto por el motor como por la limpia aerodinámica que tiene. El tarado de suspensión no me incomodó en ningún momento, y no deja de ser efectivo para los 280 CV que llevamos bajo el capot.

Al cabo de poco más de 45 minutos, llegué a mi destino: el circuito de Paul Ricard, donde tocaba la parte realmente divertida de la prueba. Lo de antes no ha sido más que un mero aperitivo para abriros la boca y que babeeis un ratito.

Continuará...

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