Mi carro me lo robaron

Mi carro me lo robaron
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HOY SE HABLA DE

Pongamos que te levantas por la mañana, vas al baño, haces lo que tengas que hacer, te duchas, te afeitas, te haces un café, desayunas… vamos, lo normal de cada día. Al cabo de un rato bajas a la calle con pocas ganas de ir a trabajar, pero es lo que hay, afortunado tú; caminas, llegas hasta el lugar donde habías aparcado el coche… el coche… ¿el coche? Y no hay coche.

Un sudor frío recorre tu cuerpo mientras notas cómo se te acelera el ritmo cardíaco. Miras y remiras en busca de tu coche, giras sobre ti mismo con un sentimiento que queda a medio paso entre la incredulidad y el desasosiego, vuelves a mirar e incluso cometes el absurdo de retroceder unos pasos hacia casa, no vaya a ser que en tu despiste mañanero hayas pasado frente al coche y no lo hayas visto. Vamos, como si de repente necesitases llevar tu coche pintado de rosa para dar con él.

Que te lo han robado, concluyes. Y te vas a la Policía completamente apesadumbrado, cabizbajo, ya ni enfadado: asqueado, amargado, hastiado; y tras formular la correspondiente denuncia en la comisaría te metes en la boca de metro más cercana para llegar hasta el trabajo, donde explicarás tu historia sin saber que en realidad no es como tú te la imaginas.

Algo parecido sucedió hace unos días en Asturias. Un hombre denunció el hurto de un vehículo que en realidad no había sido robado, sino que se lo llevó su hijo sin permiso. El diario lne cuenta que la Policía Nacional localizó el vehículo “perfectamente aparcado” en Gijón y que cuando se lo notificaron al propietario este les dijo que sí, que el muchacho había cogido el coche para ir a la ciudad aunque después fue incapaz de recordar dónde lo había dejado porque el chaval “padece una enfermedad que le causa lagunas en la memoria”.

Mister Bean

Con todos los respetos para la enfermedad del chaval, no consigo leer la noticia sin pensar en Mr. Bean o algo así. No me preguntes por qué. Si eso… mira, a lo mejor mi psiquiatra lo sabe.

Hombre, más de uno ha ido simulando por ahí el robobo de su coche para luego reclamarle la pasta al seguro, pero comoquiera el crimen ferpecto no existe… pues como que lo han pillado y se las ha cargado con todo el equipo, que las aseguradoras no son ONG sino empresas con ánimo de lucro y llevan muy mal eso de que sus asegurados les tomen el pelo.

Luego están los que en vez de afanar un coche en la calle lo dejan desprovisto de componentes, sustituyendo las ruedas por cuatro pilas de tochos, que con la crisis de la construcción sale más rentable emplearlos así. Y si no, lo de los presuntos pintas de Abarth, que a falta de post-its se llevan centralitas. Presuntamente.

Pero esto de Gijón ya supera todo lo superable en materia de robos absurdos. De entrada, por el chaval que teniendo lagunas de memoria se coge el coche sin avisar a nadie, no sé si porque se le olvidó o qué, y de salida porque el padre se va a denunciar los hechos sin antes hablar con la familia, sabiendo lo que tiene en casa, y para postre cuando la Policía le dice que el coche ya ha aparecido se despierta él diciendo algo así como: “Ah, sí, es que mi hijo se lo había llevado prestado”.

O eso es lo que se desprende del redactado de la noticia. Si fue así como pasó, yo flipo, en serio. Y dejo al margen lo de conducir con lagunas de memoria porque ese tema no toca hoy.

¿A quién le prestarías el coche?

A quién le prestarías el coche

No tengo por costumbre prestar el coche a nadie, no porque recurra a aquello tan casposo de que “el coche y la muhé son las únicas cosas que no se prestan” (tela marinera, el comentario machisto-surrealista) sino porque… porque no, y punto. El coche que tenemos en casa lo lleva normalmente mi señora, y el de la autoescuela lo tocan tantas manos que planteárselo no tiene demasiado sentido.

Y además, ahora que lo pienso, el de la autoescuela no es mío, y lo que no es mío, no lo presto. Bueno, y ya te digo que ni aunque lo fuera. El otro día me preguntaban por correo qué documentación hace falta para llevar el coche de otro. Y la verdad es que no hace falta nada especial; de hecho, si la póliza del seguro lo permite, no hace falta ni siquiera declarar al conductor. Como siempre en estos casos, depende de lo que tengamos contratado.

De hecho, en esta vida yo he llevado ya unos cuantos vehículos de empresa sin hacer nada con los papeles, e imagino que precisamente por haber llevado tantos, ha llegado un momento en que pienso en estos cacharros como en artefactos meramente funcionales, herramientas de trabajo, de manera que hace años ya que corté bastante con ellos el factor emocional… salvo en el momento de la compra, claro, que en eso soy como cualquier hijo de vecino.

Por eso, ahora me cuesta imaginar cómo se siente uno cuando le roban el coche más allá de:

  • el lógico cabreo del tipo: “¿pero por qué a mí?”,
  • la lógica indignación al comprobar que alguien ha pisoteado tu intimidad,
  • la lógica preocupación por si el seguro te cubrirá el problema económico al 100 %.

Ya te digo: lo que menos me preocuparía sería el coche en sí. Muchos ha habido y (espero) muchos más habrá en mi vida. Simplemente me tocarían las narices tooodos los trámites y reclamaciones que yo, siendo el afectado y la víctima del suceso, debería acometer, revisar, perseguir… y así hasta los límites de la paciencia de Job, que ya sabemos cómo trabaja el personal en estos casos:

- Oiga, ¿y lo mío para cuándo estará?
- Mire, yo es que me voy a tomar el café de las 11. Traiga dos fotos recientes de su mascota haciendo la vertical, un certificado de penales de su bisabuelo y 13 pólizas en maravedíes, y si acaso ya eso.

Como si los robos de los coches fueran culpa de los dueños, que los visten como maseratis.

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