Audi R8 4.2 FSI R tronic, prueba (parte 1)

Audi R8 4.2 FSI R tronic, prueba (parte 1)
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En el mercado hay coches de todo tipo. Pequeños, compactos, berlinas, SUV´s, todoterrenos, monovolúmenes, descapotables… Pero por encima de todos ellos están los superdeportivos, esos coches que surgen de los sueños de los mejores ingenieros del mundo de la automoción, y que pronto ocupan los sueños de los apasionados de los coches como yo.

Sin duda dentro de este exclusivo grupo de supercoches se encuentra el Audi R8. Un coche de estas características sólo se suele ver en sitios como Mónaco, Puerto Banús, Miami o zonas de “kedadas” de millonarios.

En Motorpasión hemos tenido la suerte de sentirnos como uno de esos afortunados (nunca mejor dicho) por unos días, y hemos probado para vosotros el Audi R8. Esta vez es de verdad, y no como la supuesta prueba del día 28 de Diciembre. ¿Nos estamos superando o no?

Cuando me dijeron que el día X tendría la oportunidad de conducir de nuevo el Audi R8, comenzó una interminable cuenta atrás en mi cabeza. Ya había tenido la oportunidad de conducir uno, pero “sólo” por autovía desde Madrid hasta Vigo. Ahora iba a ser distinto, el Audi R8 iba a estar en mis manos para enfrentarlo al tipo de terreno que a mi me diese la gana.

Poco a poco la cuenta atrás iba llegando a su fin, el día se acercaba y ya soñaba con volver a escuchar el sonido del motor V8 situado tras mi cabeza. Llegó por fin el día, y cuando abrí la persiana de mi habitación ¡oh, sorpresa! Madrid amanecía ese frío viernes de enero completamente cubierto por un manto de nieve blanca y con el consiguiente caos circulatorio.

En ese momento pensé: “No puede ser. Tengo la oportunidad de conducir uno de los mejores deportivos del mercado y la nieve se pone en mi camino para impedir que disfrute a mis anchas”.

Por mi cabeza pasaron entonces muchas ideas, y una de ellas era la de decirles a los de Audi que no iba a coger el coche. Pero eso suponía una nueva espera de más de dos meses hasta la siguiente fecha disponible para este coche tan solicitado, y eso tampoco me gustaba.

Entonces decidí olvidarme de los miedos que rondaban mi cabeza, ir a por el coche sin preocuparme de la que estaba cayendo e intentar disfrutar de él. Cuando llegué a recogerlo, un mecánico lo sacó del garaje. Su color azul marino con los sideblades laterales en plateado contrastaban con la blanca nieve que cubría el asfalto.

No tenía mucho tiempo de pararme a contemplarlo, así que pronto salí con él por el centro de Madrid. Lo primero que llamó mi atención mientras me metía en el habitáculo, haciendo una auténtica maniobra de contorsionismo, son los asientos.

Estos no son los mismos del anterior R8 que había conducido, se trata de los bacquet deportivos opcionales (4.015 euros), que la verdad le dan un aspecto impresionante al interior. Eso sí, a cambio del espectacular aspecto, hemos de sacrificar bastante confort respecto a los de serie, ya que entrar y salir del coche se convertirá en una prueba de flexibilidad para nuestro cuerpo.

Personalmente considero que este tipo de “incomodidades” se convierten en parte del encanto de los coches deportivos, ¿o acaso en un Lotus Exige es cómodo sentarse al volante?

Tras rodar unos cuantos minutos por el centro de Madrid, llega una de las primeras pruebas de fuego, meter el coche en un parking. Con un precio en el mercado para esta versión R tronic de 130.430 euros (8.120 euros más que la versión manual), no era cuestión de dejarlo aparcado en la calle con la que estaba cayendo. Entonces me vino a la cabeza un video de Top Gear, en el que Clarkson, Hamond y compañía se quedaban atascados con tres superdeportivos a la salida de un parking en París.

La primera prueba de fuego fue superada con nota por el R8, ya que lo metí en el parking sin complicaciones. Entré en la primera bajada sin problema, el faldón delantero en ningún momento amenazó con rozar el suelo y el único “problema” fue estirarme hasta la máquina de los ticket, ya que por miedo a acercarme demasiado me había quedado muy lejos.

Por dentro del parking, el sonido que sale del espectacular V8 situado en la parte trasera es pura música. Es sin duda uno de los coches con un sonido más bonito de cuantos he probado. Encuentro pronto una plaza de aparcamiento, y es que la crisis seguro que también se está notando en ese sector.

Engrano la marcha atrás para dejarlo bien colocado, y la cámara de visión trasera en color (1.905 euros) me facilita mucho una labor que se presentaba complicada.

Continuará...

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