La curiosa historia de como Thomas Midgley intoxicó a millones de personas con un sencillo invento
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La curiosa historia de como Thomas Midgley intoxicó a millones de personas con un sencillo invento

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La presencia de plomo en la gasolina durante décadas causó la muerte de millones de personas, incluyendo la del propio inventor de esa gasolina, provocó una mayor criminalidad y nos hizo a todos, como especie, más tontos. Y se lo debemos todo a un solo científico.

Esta es la historia de como la muerte de Byron Carter, fundador de las Jackson Automobile Company y Cartercar Company, en 1908 llevaría a un científico, Thomas Midgley, a inventar la gasolina con plomo en 1921 para la General Motors.

Su invención contribuyó a un formidable crecimiento económico, pero sobre todo, tiene el dudoso privilegio de haber matado a millones de personas, habernos hecho más tontos, como especie, y provocar un aumento de la criminalidad. Y todo gracias a un solo hombre.

Esta historia empieza en Detroit en 1908. Allí, sobre el puente de Belle Isle, el coche de una mujer se cala. El automovilista que la sigue se baja y se ofrece para volver a arrancar su coche. En esa época sólo hay una manera de arrancar un coche, usar la manivela. Lo consigue, pero al ponerse en marcha el motor, el retorno de la manivela golpea a Carter con tal fuerza que le revienta la mandíbula. Fallecería poco tiempo después de las heridas.

Byron J. Carter
Byron J. Carter

Byron Carter era uno de esos pioneros del automóvil que había entonces en Detroit. Era una industria incipiente, eran como las startups de hoy y todos los participantes se conocían. De hecho, era muy amigo de Henry Leland, el fundador de Cadillac. Éste se quedó tan impactado por la muerte de su amigo que se propuso eliminar el arranque por manivela del automóvil.

Así que recurrió a Charles Kettering de la Dayton Engineering Laboratories Co. o DELCO, que ya había desarrollado un encendido por chispa para Cadillac que debutó en 1910. DELCO pudo construir el dispositivo de arranque eléctrico y prepararlo para su introducción en los modelos de Cadillac a partir de 1912.

Henry Leland
Henry Leland

Ese mismo año, Cadillac lanza al mercado el Cadillac Model 30, con un 4 cilindros de 40 CV y equipado con un motor de arranque eléctrico. Fue el primer coche en proponer ese sistema. Hay que situar ese coche en el contexto de la época, era todo un avance tecnológico y tenía el doble de potencia que el Ford Model T.

El coche fue todo un éxito para la marca, pero tenía un problema común todo los coches con motor de combustión interna de la época, el picado de biela. En esos tiempos del inicio del automóvil era algo muy común.

Cadillac Model 30

El picado de biela ocurre cuando la compresión en los cilindros (es decir cuando el pistón sube) es tan alta que la mezcla aire-gasolina explota por sí sola antes de que la bujía produzca la chispa en el cilindro.

Esa primera explosión empuja el pistón hacia abajo justo cuando el cigüeñal a través de la biela está todavía empujando el pistón hacia arriba. La consecuencia es un ruido muy fuerte, como si alguien diese martillazos en el motor, y con el tiempo, puede provocar la rotura del motor.

Arranque por manivela

Una de las soluciones para evitar ese problema está en el carburante. A mayor octanaje, mayor resistencia a la presión, es decir, a la compresión de la mezcla en el cilindro.

En Cadillac, que era entonces una marca pionera y de gran lujo (a pesar de forma parte de la General Motors desde 1909), deciden que el ruido ensordecedor y el riesgo mecánico que supone el picado de biela no es digno de la marca y hay que aportar una solución.

Charles F. Kettering
Charles F. Kettering

Kettering contrató entonces a un joven ingeniero, Thomas Midgley Jr. para que encontrase la fórmula de una gasolina que previniese el picado de biela.

Tras probarlo con casi todo, literalmente, sólo con el etanol (alcohol, básicamente) conseguía el efecto deseado. Pero era considerado caro y se necesitaba un 10 % de etanol en cada volumen de gasolina. Buscaban algo más barato. Algunas de las soluciones eran prometedoras, pero no convencían por precio o por...olor, como la combinación de telurio e hidróxido de sodio.

Homas Midgley

Finalmente, el 3 de diciembre de 1921, Midgley da con la solución, el tetraetilo de plomo. Es barato de fabricar, abundante y no tiene olor. Entusiasmado se lo comunica a Kettering sabiendo que iban a ganar montañas y montañas de dinero.

¿Tóxico, el plomo?

Para la comercialización del producto milagro, General Motors, de la cual Du Pont de Nemours (Dupont) tenía el 34 %, se asocia con la Standard Oil of New Jersey (Exxon) en 1924 para la comercialización de la gasolina con plomo bajo la marca Ethyl, a secas, sin mención al plomo.

El producto es un éxito, la demanda está por las nubes y Exxon construye una planta de producción en New Jersey. Pronto los operarios se ponen enfermos y cinco de ellos mueren.

El público empieza a sospechar de Ethyl, a pesar de los anuncios de la época que quieren demostrar que con el Ethyl ya no hay picado de biela. Midgley, para demostrar que su producto es inocuo no duda en rueda de prensa en echarse Ethyl en las manos y respirarlo durante varios minutos. El problema es que sabe de sobras que es nocivo. De hecho, para cuando hace esa demostración, Midgley ya está enfermo por culpa de su producto.

Y no es que nadie supiera que el plomo era nocivo. En el siglo XVIII ya se sabía que el plomo era tóxico. A finales de los años 1920, científicos del MIT, Yale y de Harvard, así como del ministerio de salud estadounidense pidieron a Midgley, a Exxon y GM que no fabricaran Ethyl, por salud pública.

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De hecho, el plomo es muy tóxico, incluso en pequeñas cantidades. El cuerpo lo absorbe y se queda pegado a los huesos y a los tejidos, especialmente al cerebro. En las células neuronales, el plomo se adhiere a los neurotransmisores.

De ahí que provoca dolores de cabeza, pérdidas de memoria, alucinaciones y  tics nerviosos, entre otras dolencias. Es un poco el mismo mecanismo que las drogas, salvo que el cuerpo puede eliminar la mayoría de estas, pero no el plomo.

Downtown LA 1950s

Con el tiempo, el añadir plomo a la gasolina se convirtió en una práctica habitual en todo el mundo. No fue hasta los años 70 que en Estados Unidos se introdujo la gasolina sin plomo y los catalizadores en las líneas de escape, pero la gasolina con plomo no fue prohibida allí hasta 1996 y retirada por completo del mercado.

Fue Japón, en 1986, el primer país en prohibir el plomo en la gasolina. Pronto le siguieron otros países, como Canadá, Suiza y Austria. En 1989, la gasolina sin plomo fue retirada en todo el territorio de la Unión Europea.

Surtidor Gasolina Sin Plomo

Todo los países fueron eliminando progresivamente el plomo de la gasolina. En 2016, sólo Argelia, Yemen e Irak todavía lo usaban. Finalmente, a mediados de 2021, Argelia dejó de añadir plomo a su gasolina. Fue el último país del planeta en hacerlo.

El legado de la gasolina con plomo

Las consecuencias del uso del plomo, expulsado al aire en forma de partículas por millones de coches hasta los años 80, se perciben todavía hoy. El plomo afecta a casi todos los ámbitos fisiológicos del cuerpo humano, explica Amit Bhattacharya, profesor de salud ambiental de la Universidad de Cincinnati. "El sistema motor, cognitivo, hepático, renal, visual, todo lo que se te ocurra, puede destruirlo".

En los niños, afecta al aprendizaje y hace que las personas con mayor exposición al plomo desde niños pierdan puntos de cociente intelectual. Se dice incluso que, al afectar el sistema nervioso, las personas con mayor exposición al plomo desarrollan una tendencia a tener comportamientos criminales. Obviamente, no todo el plomo viene de la gasolina, también proviene de las baterías y de algunos procesos industriales.

Relación entre violencia y plomo
Relación entre violencia y plomo. Fuente: Interesting Engineering

Midgley, por su parte, no se limitó a la gasolina con plomo. En esa época, General Motors también fabricaba electrodomésticos, entre ellos, neveras. Y para GM inventó un nuevo refrigerante que no era tóxico ni inflamable, como sí lo eran los refrigerantes de la época.

Lo consiguió ideando un gas de la familia de los clorofluorocarbonos que llamó Freon. Como sabemos, ese gas liberado en la atmósfera contribuyó a destruir la capa de ozono y en proporción generó más efecto invernadero que el uso del automóvil.

Hoy, los clorofluorocarbonos están prohibidos y la capa de ozono se va recuperando poco a poco. Pero es otro regalo que debemos a Midgley y los responsables de la época de General Motors.

Como bien dicen en este excelente documental, Midgley fue “el hombre que mató accidentalmente a más personas en la historia”, aunque no estoy de acuerdo a nivel personal en lo de accidental. En el caso del plomo, se sabía de su toxicidad, pues el mismo Midgley enfermó por culpa del plomo. Pero decidieron seguir adelante igualmente.

Thomas Midgley

Midgley contrajo la polio a los 51 años. Pero mantuvo su espíritu inventivo hasta el final e ideó un ingenioso sistema de cuerdas y poleas para ayudarle a levantarse en la cama. Pero se enganchó accidentalmente en las cuerdas de su cama y murió estrangulado a los 55 años.

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