Videojuegos de coches para aprender a conducir

Videojuegos de coches para aprender a conducir
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Si os muestro una imagen del Carmageddon en una entrada sobre juegos de coches que nos ayuden a aprender a conducir, pensaréis que me he vuelto rematadamente loco. Pero es representativo de lo que voy a contar.

Para empezar me atrevería a afirmar que hasta el momento no hay ningún simulador suficientemente real como para decir que con él podemos aprender a conducir, a falta de probar los de alguna autoescuela anunciados como muy útiles. Pero no, eso no son videojuegos, son simuladores educativos.

Partiendo de que la mejor y muy probablemente la única forma de aprender a conducir es por el método tradicional (clases teóricas y prácticas impartidas por profesionales), es posible que los juegos de coches puedan echarnos una mano. ¿Os cuento mi experiencia?

Carmageddon: jugando con las leyes de la física

Las leyes de la carretera son las leyes de la física. Energía cinética, velocidad, deslizamiento, inercia, etc.

Los videojuegos tienen su propias leyes de la física, normalmente simplificadas y exageradas respecto a la realidad. Como ya hemos comentado, que un juego de coches sea realista no significa necesariamente que sea mejor, cuestión de gustos.

He comenzado con la foto del Carmageddon porque siempre me ha llamado la atención lo bien definida que tiene su física de ficción: precisamente es un buen ejemplo del paradigma de física real pero exagerada. Y, en este sentido, puedo decir que es un videojuego que me enseñó a conducir, o al menos a entender algunos de los mayores peligros de un coche.

Superficies deslizantes e inercia

Por ejemplo, entender que si nos encontramos una superficie deslizante por sorpresa no debemos realizar ninguna maniobra brusca, ni con el volante ni con el freno, ya que perderíamos el control del vehículo. Si hay espacio suficiente, lo más seguro al pasar por agua o aceite es soltar los pedales (nunca de forma brusca) y mantener el volante tal como lo teníamos, o endezando ligeramente si estamos en curva. Si te pasas, “trompo”, y este sumo cuidado que debemos tener en superficies deslizantes es algo que se aprende mejor en un videojuego que haciendo un trompo de verdad.

Bordillos asesinos

Otra lección del Carmageddon es que, a altas velocidades, chocar con un bordillo o un objeto bajo puede ser muy peligroso, ya que nos hace rebotar y “salir volando”. De nuevo, la física real no es tan exagerada como la del videojuego, pero sirve para darnos cuenta de estos detalles.

Cuestión de superficie

Y una última lección que me viene a la mente, que es el objetivo en el Carmageddon y justo lo que debemos evitar en la realidad: los impactos. En el juego teníamos que intentar hacer el máximo daño posible, y realmente eso nos ayuda a saber qué tipo de golpes pueden ser más peligrosos. Por ejemplo, que una farola puede ser más peligrosa que una superficie ancha como un muro, o que si vemos que nos vamos a estrellar contra algo, un pequeño giro del coche puede ser la diferencia entre destrozarlo del todo o no.

Aprendiendo a adelantar

Need For Speed 2

El Need for speed 2 no era un juego que tuviese como objetivo circular por la carretera sin competir. Pero yo lo hacía, intentando no chocar con el tráfico. Un modo curioso de jugar, lo sé.

Este juego me enseñó una sencilla pero valiosa lección antes de sacar el carné: al adelantar, tu velocidad y la de un posible coche que venga de frente se suman a la hora de agotar el espacio.

Circular tranquilamente

Midtown Madness II

Si lo hacía con el Need for speed 2, más adelante el Midtown Madness 2 se convirtió en una mejor opción todavía para matar el gusanillo de conducción urbana antes de tener coche. Tenía un realismo relativamente aceptable: semáforos, tráfico, etc; contaba además con varios coches reales para conducir como el Volkswagen New Beetle y el Audi TT de primera generación, y unos paisajes de Londres y San Francisco (si no recuerdo mal) que lo hacían muy atractivo.

La anécdota final

Después de aprobar el carné de conducir, la primera vez que cogí el coche circulaba por una vía con dos carriles para cada sentido, amplia y con visibilidad. A lo lejos una persona estaba cruzando, no era un paso de peatones pero había muchísima distancia. No sé por qué, mi reacción fue ir a pisar el acelerador: no llegué a hacerlo pero se me pasó por la cabeza. En ese momento me di cuenta que tenía que descargar el chip “Carmageddon” para pasar al modo “conducción real”. Cosas de la vida.

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