¿Adónde vas? Naranjas te llevas

¿Adónde vas? Naranjas te llevas
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La verdad es que hay noticias que me dejan sin sentido, perturbado, anonadado y hecho un cuatro emocional. Recurro a los diarios y veo que la semana pasada se dictó sentencia en el caso de una chavala de 14 años que se lió a naranjazos con un coche. Sucedió hace casi seis años en Castellón, tierra de buenos cítricos y de buenas cerámicas también. Suerte que la niña optó por las naranjas.

No es la primera vez, ni será la última, que veamos noticias por el estilo. Años ha, se hizo popular en Barcelona el caso de unos energúmenos que degollaron a un motero tendiéndole un cable trampa atado a una farola. Y lo de lanzar huevos de gallina desde un puente está a la cíclica orden del día.

La pregunta es: ¿por qué, esa tendencia a hacer del vehículo ajeno blanco del lanzamiento de munición surrealista cuando los ex niños llegan a una edad casi adulta? ¿Qué culpa tiene el pobre desgraciado que va conduciendo de que al crío en cuestión se le hayan revolucionado las hormonas y le dé por practicar la disciplina no olímpica (todavía) del tiro de cosas contra vehículo en movimiento? Para dar salida a estas inquietudes, hoy vamos a hablar de estos artilleros del asfalto en fauna en ruta.

En primer lugar, nos ponemos en antecedentes sobre el caso de Castellón. Nada, que a una moza que se había colado con los colegas en un huerto le dio por arrojar naranjas a los coches que pasaban por la carretera principal, como si quisiera convencer a los conductores locales de la absoluta necesidad de consumir frutas con alto contenido en vitamina C, sólo que con unas formas algo raras.

fauna en ruta: imprevistos en la carretera

¿Marketing agresivo mal canalizado? No sé, pero la cosa fue de “casi” en “casi”... hasta que al final la niña le metió un castañazo naranjazo a un coche de los que pasaban. Strike! La conductora anaranjada se pegó un susto como la copa de un naranjo pino y, por lo que recoge la sentencia:

dio un fuerte volantazo hacía la izquierda, llegando a invadir el carril contrario de circulación, poniendo en riesgo su vida e integridad física.

Los daños reales se cifraron en pecata minuta: 148,25 eurillos que pagó la aseguradora… y la aseguradora reclamó para ver por qué tenía que hacerse cargo de un golpe a todas luces surrealista. Al final la Audiencia Provincial de Castellón desestimó el recurso de la compañía por realizarse pasado el juicio, pero condenó a la niña por un delito contra la seguridad vial y una falta de daños.

La pena consiste en un año de libertad vigilada, control de sus actividades de ocio, supervisión de su actividad académica y una serie de contenidos, aún por determinar, sobre “orientación y formación en planificación familiar”, leo. Podría hacer muchos chistes fáciles con reminiscencias del premio Darwin, pero me los callo para no hacer leña del árbol merecidamente caído.

¿La culpa es de los padres, que las visten de naranja?

Educación

Lo que no me callo, básicamente porque no quiero, es mi opinión sobre este tipo de sucesos. Vale que todos hemos hecho animaladas en el pasado; todos hemos sido críos, adolescentes e incluso jóvenes. Sí, yo también lo fui, de verdad, así que puedo entender la cachondada de burlar las normas establecidas y de querer reivindicar lo propio por mucho que te digan que las cosas no son como tú las ves, las ganas de ser aceptado por los amiguetes en el grupo en el que te mueves… todo eso.

De todas formas, hay un punto en que la cachondada del “a que no hay huevos” pasa de tono y llega al punto del delito, y no sé si soy yo que me hago viejo o qué, pero me da que ese punto se traspasa últimamente con mayor facilidad. Corrígeme si crees que me equivoco y que en todas las épocas hemos sido igual de brutos, que a lo mejor resulta que sí y que ahora lo único que pasa es que nos enteramos de todos los demanes, que también podría ser. Bueno, seguramente es.

No diré que “la culpa es de los padres” porque sería tremendamente reduccionista. Estarás de acuerdo conmigo en que estamos hablando de educación, de valores, y en la educación en valores hay implicados un montón de agentes: la familia, claro que sí, pero también la escuela, los amigos, los grupos de iguales, los medios de comunicación de masas, los nanomedios de comunicación… Y según la fase de desarrollo en que se encuentre la persona, se verá más influida por uno u otro agente.

Entonces, ¿eso nos lleva hasta la fatalidad de pensar que hagan lo que hagan los padres, el adolescente obedecerá a los designios de su grupo de iguales cuando le llegue la edad del clearasil? Hombre, espero que no, entre otras cosas porque si los padres han sabido transmitir al chaval una serie de valores más o menos lógicos, él mismo podrá ponerse freno cuando se le empiece a ir la olla. Porque se le irá.

La diferencia entre acabar causando una desgracia o que todo quede en una anécdota es demasiado sutil como para que no tomemos en consideración este caso, el de las naranjas, como algo más serio que unos míseros 148,25 euros, unos euros que, por cierto, dudo que contemplen el mal rollo que le debe de haber quedado a la conductora que sin comerlo ni beberlo fue objeto de la agresión. ¿Habrá superado ya el miedo a recibir un golpe repentino mientras conduce?

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