Mitsubishi detiene la producción de su fábrica en Rusia por la falta de componentes y la prohibición de las exportaciones

Mitsubishi detiene la producción de su fábrica en Rusia por la falta de componentes y la prohibición de las exportaciones
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Mitsubishi acaba de anunciar que ha detenido la producción en su fábrica de Kaluga (Rusia) hasta nueva orden. En un escueto comunicado, la firma japonesa justifica su decisión en base a las dificultades logísticas que está experimentando la planta desde el mes de marzo.

Dichas dificultades vienen motivadas tanto por las sanciones económicas de los países occidentales (a raíz de la guerra en Ucrania) como por las prohibiciones comerciales del régimen de Vladimir Putin.

Estos problemas, según informan desde Mitsubishi, han impedido el correcto suministro de componentes, así como las exportaciones a otros lugares de los Outlander y Pajero Sport que fabrica en territorio ruso.

Bloqueo general a las marcas occidentales

Fábrica Renault Moscú

El parón de Mitsubishi es la última de una larga lista de dificultades que aquejan a las marcas occidentales con presencia en Rusia. En el caso de la firma de los diamantes, ésta opera en sociedad con ROLF, un importador y distribuidor autóctono que representa a otros constructores como Audi, BMW, Porsche o Jaguar Land Rover.

Prácticamente todos ellos han suspendido sus operaciones en el país, como forma de responder a la prohibición de exportación de automóviles decretada por el gobierno ruso a principios del mes pasado.

Por otro lado los problemas de Mitsubishi se añaden a la comprometida situación que atraviesa en este mercado la alianza Renault-Nissan, a la cual  también pertenece. Y es que el Grupo Renault posee el 68 % de AvtoVAZ, la compañía fabricante de los Lada.

Según publicó a finales de marzo el diario Bloomberg, la marca francesa está explorando sus opciones para deshacerse de esta posesión, incluyendo una plantilla de 45.000 empleados y la fábrica de Moscú donde ensambla los Duster, Captur o Arkana.

Para ello, Renault busca ahora un inversor local que pudiera estar interesado en asumir la propiedad de Lada en su conjunto. Un posible traspaso que sería la menos dolorosa de las salidas, al precio de perder los 3.100 millones de euros que vale esta filial en las cuentas del rombo.

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