Tercera semana de huelga en EEUU: los trabajadores ponen contra las cuerdas a las marcas de coches

Tercera semana de huelga en EEUU: los trabajadores ponen contra las cuerdas a las marcas de coches
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La huelga del automóvil en EE.UU va camino de los 20 días y las conversaciones con los tres grandes de Detroit (Ford, General Motors y Stellantis) no prosperan. Ya apunta a ser similar a la de los guionistas de Hollywood con paros que han durado cinco meses y con las productoras finalmente cediendo.

Las demandas de los trabajadores de los fabricantes son similares: mejora de salarios, jornadas más reducidas y asegurar puestos de trabajo con la llegada de las nuevas tecnologías, en su caso el coche eléctrico. De momento, las negociaciones siguen estancadas y el sindicato United Auto Workers (UAW) cada vez suma cada vez más trabajadores a la huelga en este resurgir del sindicalismo en Norteamérica.

El acuerdo con los grandes fabricantes muy lejos mientras la huelga gana adeptos

Huelga del automóvil en EE.UU

En la segunda semana de paros, el número de trabajadores en huelga se elevó a 25.000: un 17 % del UAW en el sector del automóvil y el doble de cuando comenzó el conflicto. Son cinco plantas las que están paradas, pero además cerca de 40 puntos de distribución también se han cerrado por los piquetes.

Las negociaciones no prosperan con acusaciones cruzadas entre ambas partes. En especial de Ford, que ha cargado duramente contra el sindicato: Jim Farley, CEO de Ford, acusa al UAW de no ser transparente con que les están ofreciendo para satisfacer las demandas, que ya habrían logrado "un contrato récord". Además acusa al sindicato de tener a las marcas como "rehenes".

Pero desde el sindicato aseguran que Ford está "mintiendo sobre el estado de las negociaciones". Y aunque afirman que hay avances, lo que ofrece la marca está muy alejado de sus demandas, en especial respecto a la jubilación y a asegurar puestos de trabajo.

Aunque en esta escalada de tensiones, hay fabricantes que han dado pasos para evitar los paros. Por ejemplo el UAW habría llegado a un acuerdo con  Mack Trucks, propiedad de Volvo. Una subida de sueldo "significativa" y más beneficios para los empleados y sus familias habrían satisfecho las demandas del sindicato. Aunque aún debe ser ratificado por el UAW.

De momento, no parece que el trío de Detroit vaya por el mismo camino, a excepción de Stellantis que con una nueva oferta ha permitido cancelar nuevos paros.

Presiones desde las marcas. Pero desde Ford, de momento, solo endurecen el discurso. Advierten de que la huelga va a camino de poner en peligro más empleos. Esto como consecuencia de su propio movimiento para presionar a los trabajadores: ha parado la construcción de una planta de baterías que, señalan, daría empleo a cerca de 2.500 operarios.

Y además amenazan con que, de mantenerse los paros, tendrán que tomar decisiones drásticas. Como llevarse fuera de EE.UU la fabricación de modelos como el Explorer: "Tendríamos que optar por recortar inversiones futuras en esos productos, reestructurar y reducir nuestra plantilla en toda la empresa, incluidos los trabajadores de la UAW". Lo que a la postre significaría más reducciones de plantilla.

Sea como fuere, piquetes y paros ya comienzan a hacerse notar más allá de las plantas. Por ejemplo en distribuidores de piezas. "De ahora en adelante, cualquier objetivo de ataque adicional simplemente paralizará toda la cadena de suministro y dañará a nuestro cuerpo de distribuidores", augura Nyle Maxwell, presidente del Consejo Nacional de Distribuidores de Stellantis.

A lo que se añaden las pérdidas por la inactividad: se estima que en apenas 10 días las pérdidas de los tres fabricantes se cifrarían en más de 500 millones de dólares, según estimaciones del Anderson Economic Group.

Más allá de la protesta: "es una lucha por la clase media"

Esta histórica huelga trasciende a la protesta en sí y al propio sector del automóvil. Ya es escenario de batalla política, con Biden y Trump apoyando la causa de los trabajadores. De hecho Biden se ha convertido en el primer presidente en cargo en participar en un piquete.

Y tiene la opinión pública a su favor: según una encuesta reciente de Reuters, la mayoría de los estadounidenses están de acuerdo con las demandas de los trabajadores de la automoción, como también lo estaban con las de los guionistas.

De hecho, desde el UAW hablan de una batalla que trasciende de los fabricantes de coches: reclamar sueldos dignos frente a la "avaricia corporativa". "Nuestra ira es justa y nuestra lucha es justa. Estamos hartos de rompernos el cuerpo por empresas que toman más y más y dan cada vez menos", ha recalcado Shawn Fain, presidente de la UAW.

Y es que gran parte de la protesta se centra en lo poco que reciben los trabajadores, o sus pobres condiciones laborales, frente a los desorbitados salarios de los CEOs de los fabricantes. Mary Barra,  directora ejecutiva de General Motors, gana casi 30 millones de dólares al año, con una subida del 34 % de su salario en los últimos cuatro años. Jim Farley, ganó alrededor de 21 millones de dólares el año pasado.

"Se trata de la clase media", dijo. "La clase media ha estado estancada durante mucho tiempo y no ha podido mantener el ritmo en su conjunto. Así que no nos enfrentamos sólo a los tres grandes. Estamos asumiendo la lucha por la clase media, y espero que se unan a nosotros".

Todo esto en un nuevo escenario para EEUU, con la resurrección del sindicalismo en un país donde ha brillado por su ausencia.

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